LA TRAMPA BOLIVIANA
La misión de los dos destacamentos bolivianos no era fácil. En primer lugar tenían que abrirse paso a machetazos a través de kilómetros de denso y espinosos follaje. Luego tenían que hacerlo lo más rápido posible. Y tercero, debían evitar ser detectados por el enemigo, lo cual era especialmente difícil por la gran aptitud del soldado paraguayo en este tipo de Guerra de sigilo. El avance era extremadamente duro para los soldados bolivianos al ser la gran mayoría originarios de la región andina y por ende no estar acostumbrado al uso del machete y a la vida en el clima tropical.

Quiso el destino que, cuando el dispositivo boliviano estaba a medio camino de cerrar sus fauces atrapando la totalidad del 1er cuerpo paraguayo, algún anónimo vigía paraguayo detectara los movimientos de una de las dos fuerzas encargadas de cerrar el cerco. Entonces el mando paraguayo sonó todas las alarmas y ordenó una retirada general de las dos divisiones que componían el 1er Cuerpo. Entonces comenzó una frenética carrera entre los dos rivales, uno por cerrar la trampa, atrapando el máximo número posible de enemigos, y el otro por sacar de la trampa lo más rápidamente posible la mayor cantidad de tropas y equipos. En esta competición las tropas paraguayas tenían una amplia ventaja pues, mientras los bolivianos tenían que abrir picadas por las que desplazarse en el denso bosque espinoso, los paraguayos tenían que retirarse por las dos picadas que habían abierto para atacar en un principio.

Teniente Bullaín

LA BATALLA DE CAÑADA STRONGEST – 13 al 25 de Mayo 1934 (Parte II)

El mando boliviano tuvo la inestimable ayuda de su fuerza aérea para retardar la retirada paraguaya. Mientras tanto las pinzas se cerraban más y más sobre parte el 1er cuerpo del Ejército Paraguayo. Para el 23 de mayo, una de las pinzas del ataque boliviano había cortado la picada principal de retirada paraguaya, pero la mayor parte de la 7ª División había logrado escapar por una picada paralela de emergencia. La 2ª División retrocedía lentamente constantemente presionada por el cuerpo principal de fuerzas bolivianas. En esos momentos el Mando Paraguayo decidió una medida radical: para salvar la mayor parte de la 2ª división se decidió prácticamente abandonar a su suerte a los 170 hombres del batallón del Cap. Joel Estigarribia, que se encargarían de detener al grueso de la tropas bolivianas. Mientras tanto el resto de la División, abandonado equipo pesado, se retiraría por la picada que continuaba abierta. Para el 24 de mayo, el Mando boliviano se dio cuenta de la situación: el cerco no estaba completo y existía el riesgo que la mayor parte de las tropas enemigas se escapasen de la trampa, robándole la victoria. Entonces se decidió lanzar en la mañana del día siguiente un ataque vigoroso para cerrar de una vez el cerco de las tropas que se retiraban desordenadamente por todo lo largo de la Cañada. La vanguardia de este último esfuerzo boliviano estaba formada por un grupo de soldados al mando del Teniente Bullaín y debía avanzar unos pocos cientos de metros llenos de fuerzas enemigas hasta conectar con las otras fuerzas nacionales.

MARCHA ADELANTE, SIEMPRE ARROGANTE
Bullaín seguramente recordó las soleadas tardes en el Hernando Siles. Los dos años que habían pasado desde el último partido que jugó con su amado Tigre parecían una eternidad. Las encarnizadas pero fraternales luchas del clásico The Strongest-Universitario, la inauguración del coloso de Miraflores en 1930 y la goleada 4-1 a la “U” en ese mismo partido, seguramente pasaron por la mente de Bullaín, mientras aguardaba la orden final de marchar a su encuentro con el destino. Sus soldados estaban agotados tras diez días de marcha y luchas, muchos de ellos con los rostros desfigurados por los implacables espinos del Chaco. Cuando el momento llegó resonó el “Warikasaya K’alatakaya” para alentar a las tropas. El grito de guerra, que había llevado a la victoria en tantas batallas deportivas, era ahora eso, un grito de GUERRA. Como tigres enardecidos los hombres de Bullaín se lanzaron a por su presa. Se sabía que los paraguayos esperaban el ataque, pero igual la sorpresa fue mayor cuando por entre la tupida maleza surgieron múltiples ráfagas de fuego que derribaron a varios de los atacantes. Los bolivianos vacilaron y se lanzaron a cubierto, el cansancio de varios días de lucha se acumuló y las fuerzas parecieron desfallecer. “Warikasaya K’alatakaya!!!!!”, como gualdinegro de gran corazón que era, José Rosendo Bullaín se levantó del piso donde se encontraba tendido luego de la descarga paraguaya y, seguido por sus hombres, se dirigió enardecido hacia el origen de las balas asesinas de sus camaradas…

“Marcha adelante siempre arrogante, luchador sin par” las letras de la canción que inmortalizaría Adrián Patiño, parecían hechas a la medida de las circunstancias. Las miras paraguayas se dirigieron rápidamente a la figura del oficial boliviano que se acercaba a la vanguardia de sus defensas. Blandiendo su pistola y con sus botas de caballería, era fácil discernir al Teniente de entre sus hombres. Varias descargas frenaron en seco a Bullaín, y su cuerpo cayo a tierra. Pero, para sorpresa paraguaya, sus hombres siguieron su rápido avance impasibles. Otra descarga, caen mas cuerpos, pero el avance continúa. Hasta entonces el combatiente paraguayo no tenía un buen concepto de las aptitudes militares de los “bolis”. En muchas ocasiones en el pasado jóvenes citadinos o campesinos del frió y yermo altiplano habían probado no ser competencia para el indómito guerrero guaraní, nacido y criado en las orillas del Chaco. Pero estos “bolis” eran diferentes, avanzaban vociferando un grito en un idioma incomprensible para ellos. Un grito que helaba su sangre. Metro a metro estos “tigres” del Chaco arrollaron la vanguardia de nidos de ametralladora paraguayos y se acercaron a la línea de defensa final. “Warikasaya K’alatakaya”, y el pánico se sembró en la última línea de defensa de la vital picada. Sálvese quien pueda, estos no eran hombres, eran animales salvajes. Los pocos que se quedaron a resistir fueron pasados por las armas. Hubo pocos prisioneros en ese sector.

Artillería paraguaya capturada en Cañada Strongest

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